Daniel Rojas Weblog

Grandes Autores Continentales: Julio Ramón Ribeyro

Publicado en Intro-Versión por Daniel Francisco Rojas Pachas en Noviembre 19, 2007

A los olvidados, los condenados a una existencia sin sintonía porque en sus vidas están privados de la palabra. «Yo les he restituido este hálito negado y les he permitido modular sus anhelos, sus arrebatos y sus angustias»

Cortazar una vez dijo que la novela ganaba por puntos mientras que el cuento por knock out, no pude sacarme esa metáfora pugilística de la cabeza cuando decidí escribir una nueva semblanza sobre grandes autores continentales, en este caso dirigí mi atención hacia el Perú y pensé, bueno quién será esta vez, a la fecha he hablado del cubano barroco, padre del real maravilloso, el chileno obseso con las genealogías escamoteadas y los vasos opuestos que comunican identidades cercenadas, tampoco podía faltar en la lista nuestro Faulkner uruguayo, el misántropo mitómano y nervioso creador de Santa María… Ahora ustedes se preguntarán, por que partí hablando de Julito “Rayuela” Cortazar y la narrativa corta, sencillo, para introducir a un hombre que a mi juicio no necesita mayores presentaciones aunque para muchos, frente a nombres como Mario Vargas Llosa, José María Arguedas, Cesar Vallejo y Ciro Alegría, puede resultar desconocido y una elección aciaga. Sin embargo, Julio Ramón Ribeyro (Peruano 1929-1994), para aquellos que no lo sepan, merece un lugar de honor junto a los ya nombrados y ante todo, un reconocimiento por su extensa obra como cuentista y no cualquier cuentista, me atrevería a decir que con Rulfo, Borges y el otro vanguardista argentino, autor “de la noche boca arriba”, forman una especie de hipercubo en lo que a la prosa breve atañe.

 

Ribeyro, el más clásico de los contemporáneos, jamás se considero un artista de vanguardia, sino mas bien de retaguardia, no carecía de elementos experimentales y talento rupturista y sin embargo, pese a ser contemporáneo del boom y encontrarse produciendo gran literatura en Francia, durante esa época de efervescencia europea hacia nuestros creadores, se mantuvo al margen, haciendo gala de su timidez y el escepticismo que lo caracterizó. Es penoso irse del mundo sin haber adquirido alguna certeza dice su alter ego Luder en su aforística obra Los dichos de Luder (1989) para rematar dentro de la misma, con un certero cuestionamiento. ¿No te preocupa escribir desde hace treinta años para haber alcanzado tan minúscula celebridad?” A lo que Luder responde: “Por supuesto. Me gustaría escribir treinta años más para ser completamente desconocido.” Probablemente ese temperamento escurridizo y esquivo ante la figuración, lo llevo a convertirse con los años, más que en un divo e ídolo dorado, en un consecuente y sencillo hombre dedicado de manera vital, a su quehacer literario. Escritor de culto alrededor del globo, llego a ser comentado, leído y admirado por sus pares, incluido el barón rampante, miembro del OuLiPo, Italo Calvino.

 

Aunque… para hacernos una idea fiel; es mejor remitirse a la fuente: La propia percepción que Ribeyro, autor textual, tiene de Ribeyro, autor empírico. En su cuento autobiográfico, solo para fumadores, que versa sobre su estrecha y apologética relación con el cigarro, el peruano plantea que la literatura es para él: un acto creativo que ha adquirido la misma naturaleza de los vicios: un hábito que luego se convierte en una enfermedad incurable, autodestructiva y fanática (“escribir es desoír el canto de sirena de la vida”), pero que se revela, al final, como la única medicina posible contra la grisura del mundo.

 

Lo que nos lleva indefectiblemente a su obra. Al hacer un seguimiento por los diversos parajes en que esta deambula, podremos apreciar una escalonada mixtura de movimientos y temas que lo hacen una unidad heterogénea de ricas voces, múltiples atmósferas, desde el viejo mundo al Amazonas pasando por la sierra agreste y la opaca urbe Limeña, lo cual conlleva dimensiones humanas desarraigadas, flemáticas, tropicales, ingenuas y maliciosas, en todos los escalafones, colores, gustos y sabores.

 

Lector ferviente de Maupassant y Chejov logro como Joyce lo hiciese con Dublín, dar a la Lima de los años cincuenta, un rostro que aún se mantiene vigente, podríamos definir la mirada del peruano hacia sus compatriotas como neorrealista, casi rozando el naturalismo, debido a que sin tapujos, de manera cruda y comprometida, desnudo las problemáticas de aquellos mudos, apaleados por una desmedida e improvisada urbanización: hacinamiento, pobreza extrema en la periferia y abuso de poder, son los ingredientes que sazonan los relatos, Los Gallinazos sin plumas (1954), y Al pie del acantilado (1959), Interior “L” o Mar afuera, sin embargo allí no termina la versatilidad de su voz, observador y estudioso del maestro expresionista Kafka, Julio Ramón añade a sus historias elementos que el Checo plasmo certeramente, al dar inicio a la explotación del absurdo, en contraste con lo anodino de burdas existencias.

 

Si bien Ribeyro no llega a los extremos de metamorfosear en cucarachas a sus protagonistas, si plaga con un agridulce desasosiego, fracaso ante la movilidad social y silencios suicidas de desesperación, las vidas rutinarias de la clase media y en especial de los mercaderes y burócratas típicos, de las capitales tercermundistas, Algo así como lo que Jorge Edwards hizo en su gente de la ciudad (1961). Aquí destacamos, Espumante en el sótano (1967), Junta de acreededores (1954), Dirección equivocada (1957) o La solución, en esta última, plantea el tema de la infidelidad, la violencia y rutina al interior de clases intelectuales y acomodadas, dando de refilón, forma, a un interesante juego que muestra la gesta de una novela al interior de un cuento, lo cual se condice con la opinión de Borges, de que el cuento puedo con mayor alegría, sintetizar y dar vida, a lo que en la extensa narrativa, se diluye y torna retórico de sobremanera.

 

La fantasía tampoco fue tema ajeno a Ribeyro, con sutil belleza rompe la causalidad y nos obliga a redefinir el mundo sensible, rápidamente se me viene a la memoria Doblaje (1955), Rider y el pisapapeles (1971) y La insignia, esta, una historia sobre un tipo que por accidente encuentra un imperdible de una misteriosa organización, adorno que decide usar por simple monería para terminar invitado a una reunión no menos misteriosa y sacramentalizada y desde allí con ingenuidad guiado por la hermética cabala, abraza la realización de tareas sin sentido que lo hacen ascender hasta una posición privilegiada de multimillonario y orador de la secta, sin nunca como el primer día, saber que función tenían las tareas encargadas, el origen y finalidad de la institución a la cual sin embargo, debe todo y mantiene en alto, jugando el rol de presidente.
…Sin duda una metáfora del incierto viaje que todos realizamos desde nuestra concepción. Búsqueda del significado e incesante carga de ser, la conciencia, su peso y a la vez la materialidad, la res (cosa), un discurrir enmarañado de lenguaje y lógica, inundado por obsesiones y paranoias. Juego lúdico de anagramas y autodescubrimiento que detalló muy bien, en uno de sus maravillosos cuentos: Silvio en el Rosedal (1977)

 

Semejante imaginaria, probablemente desbordaba en función del libro de su propia vida. En lo personal, Ribeyro fue un joven limeño taciturno y humilde, perteneciente a la clase media, consiguió viajar a Francia becado, ciudad de luces y poetas malditos, en ella vivió alrededor de cuarenta años, en los cuales conoció el agridulce de la soledad e independencia. Avatares no libres de esa sonrisa irónica e incertidumbre capciosa que imprimía a los finales inesperados y tensos de sus cuentos. Como anécdotas, hay que señalar que Julio Ramón siempre tuvo problemas con las editoriales, cuando su primer libro salió impreso en Europa, la alegría lo embargo de sobremanera, hasta el fatal instante en que miro el reverso de su publicación para descubrir atónito que en la foto de la contraportada salía un escritor Africano, alcance de nombres que sin racismo le llevo a preguntarse ¿Quién es ese negro? Parco e introspectivo debió dirigirse a la empresa y pedir por favor, si podían corregir el equívoco… cuestionándose para sus adentros ummmm un argumento valido y que no pareciese racista… otra situación particular, es la de su deceso, escritor de altura pero como señalara, de reservado carácter y desligado de la proyección de su persona, recibió paradójicamente uno de los mayores premios latinoamericanos, el Juan Rulfo (que lo ostentara por primera vez, en 1991 el Antipoeta Parra) de manera póstuma. Su ironía y desprecio final a la fama, pues días antes de serle concedido, el maestro nos dejo.

 

Finalmente la estatuilla de bronce que lo conmemoraba en un parque de la ciudad de Lima, fue robada para ser vendida por unos jóvenes drogadictos que nunca supieron quien era Ribeyro, curiosamente, anécdotas como estas, de retorcidos errores, intrincados giros del destino que parecen burlarse de actores y personajes como el mismo Ribeyro, intelectual de clase media, algo así como un K moderno y esos jóvenes sumidos en la crudeza de una ciudad alienada, casi sacados de la Rusia Zarista, fueron líneas de la profética visión latinoamericana del escritor.

 

Ribeyro es en definitiva un autor difícil de encasillar, por mucho que la fértil vertiente de su pluma siempre circulara por el cauce de la prosa. Además de los grandiosos cuentos, se cuentan tres novelas, un diario y lo más extraño para la critica especializada, dos libros inclasificables o al menos desconcertantes, Los dichos de Luder (1989) colección de frases obviamente dichas por Luder y el llamado Prosas Apátridas (1975). Síntesis de una personalidad esquiva y escéptica, amalgama de ensayo, retórica, poesía en prosa y cuento, todo a la par… sin duda una personalidad basta que merece nuevas y constantes lecturas, diálogos y como él dijese, un compromiso ético, no moralista sino de reflexión con nuestro actuar y pensar. Tajante afirmaba a los cuatro vientos sobre su posición como creador: “Lo importante no es ser cuentista, novelista, ensayista o dramaturgo, sino simplemente escritor” vale la pena añadir que nosotros somos en justa medida, los escritores de nuestra realidad…

 

Autor: Daniel Rojas P

Primera parte de un corto en tres entregas, que edite con imágenes de la película “Caidos del Cielo” de Pancho Lombardi, basada en el cuento Los Gallinazos sin plumas de Ribeyro. Segunda parte y tercera en mi canal Nut-Ace en You tube.

Próxima Entrega: Manuel Puig (Argentino 1932-1990)

Un baldazo de mierda (realismo sucio)

Publicado en Intro-Versión por Daniel Francisco Rojas Pachas en Noviembre 18, 2007

Absténganse del siguiente articulo: Puritanos pacatos, recalcitrantes hombres de fe, inquisitivos maestros de las buenas costumbres, dandys finolis, funcionarios de comités de censura, grupos de padres y defensores del orgullo gay con ganas de manifestar y culpar a algún chivo expiatorio en pro de sus causas, feministas devoradoras de almas y gente que se asquea con cualquier tipo de secreción verbal, vaginal, anal…

 

Nombres como Raymond Carver, Charles Bukowski, Pedro Juan Gutiérrez, Michael Houellebecq y Richard Ford son sin ánimo de ofensa, sinónimos de pestilente suciedad, decadencia anecdótica en vidas rutinarias y afectadas por el vacío, morbosidad sexual, altas cuotas de provocación contracultural, soliloquios profundos pero políticamente incorrectos y desde luego, vicios perpetuos y lindes con la ilegalidad, todo retozando a mil entre francas maldiciones como ya pueden imaginar, a lo establecido, a la estupida cortesía y diplomacia. Para muchos defensores de la edad de oro y críticos literarios de la vieja escuela, ver la obra de estos autores como espolón de la actual pero aun así no tan nueva y desconocida literatura, hablamos de libros de alta demanda que tienen algo así como 20 o 30 años ya, resulta no sólo ofensivo sino también, emulando a estos maestros de la escatología: Vomitivo y degradante.


En lo personal yo considero que su trabajo es una apuesta arriesgada, de altas cuotas de absurdo irracional, hedonismo y profundidad dionisíaca. Hay que ser un tipo duro un demente o suicida para vivir como ellos. No es tarea fácil como dice Jaspers “vivir de acuerdo a lo que se profesa” Y lo que más podemos destacar en estos autores es su consecuencia y honestidad a la hora de novelar o poetizar desenfadadamente del yo y sus avateres timidamente puestos en las palestra con alter egos (Chinaskys o Pedros Juanes) que no pretenden en lo más mínimo separar la ficción de la cotidianidad.

No es de extrañar entonces que para el hombre contemporáneo resulte en extremo atractivo entrar en contacto con altas dosis de urbanidad, desasosiego y la suma de interrelaciones que marcan el camino de amplios terrenos donde la vida se libra entre caos, muerte y locura. Y como todo nicho capaz de acaparar atención, este tampoco se libra de aquellas pretenciosas y depravadas sanguijuelas que buscan lucrar y hacer de la espontánea y cínica humildad una producción en serie. En cualquier caso, no me referiré en profundo, por mucho que este vinculado al tema, a esa centena de aficionados que han brotado alrededor del globo como hongos en el rincón del baño, con la única intención realizar pobres ejercicios de ego y ensalzamiento de su mísera retórica, apelando desde luego a lo más básico y superficial que pueden captar de estas formas artísticas. Lo sexual, la violencia, la imprecación gratuita. Se desprende de esto ultimo, la sobrada preocupación de escritores y ávidos lectores que ven como amenazador el que estos modelos se vuelvan padres o abuelos de una moda idiota que no haga más que empobrecer las fuentes de referencia y al género. Sólo me queda recalcar sin dar nombres, pues todos sabemos quienes son los malamente llamados enfants terribles, que siempre ha habido parásitos literarios y donde surjan maestros con propuestas innovadoras e interesantes, siempre habrá aficionados de poca monta que pretenden destronar a sus sucesores sin acercarse o remotamente hacerles sombra. Y para refrescar un poco la memoria de los tradicionalistas que no hallan mejor cosa que descargar su ira en contra de los iniciadores, me atrevo a recordarles las hordas legionarias de Marquesitos y Borgeanitos que pululan por la atmósfera.

En fin volviendo al tema. La prosa sucinta que estructura estos dramas, sigue los preceptos del viejo Hemingway que enfático invitaba a desconfiar de los adjetivos, por tanto resulta a ratos minimalista y cruda con una clara herencia beatnik, elementos que no le restan contundencia en lo absoluto sino que por el contrario la hacen capaz de revelar grandes cuotas de hipocresía que nuestras sociedades procuran enmascarar.

Asistimos en novelas como Factotum, la senda del perdedor, animal tropical y relatos de Rock springs a un desfile orgiástico de borrachos, prostitutas, micro traficantes, vagabundos, desempleados y frustrados hombres con talento, por lo general artistas o intelectuales que siempre parecen estar pasando por su peor momento, faltos de dinero, amor, techo y comida, padeciendo alguna esquiva y costosa enfermedad que los empuja desesperados a limites insospechados, la periferia humana o degradantes trabajos para cualquier ser, lo que contraviene aquel viejo proverbio que nos habla de la dignificación del género al someterse a un salario insultante, tareas que empeoran su salud y por sobre todo enloquecen al ponerte de rodillas ante pequeños retorcidos renacuajos descerebrados que abusan de su cargo o minúsculo poder. De cualquier forma mujeres no les faltan, el trago o su vicio se lo apañan con un camarada fiel y la más atroz de las ordalías existenciales que puedas concebir, la sortean para culminar la odisea en algún húmedo y oscuro departamento o pátetico tugurio en las mismas condiciones en que todo empezó o quizá peor.


En el caso de Chinasky presenciamos el triunfo del underdog al alero de la muerte del sueño del Tío Sam, y si nos remitimos al trabajo del Cubano Gutiérrez, olfateamos la perpetua defenestración de la tierra virgen, esa utópica Arcadia que un ojo critico y solipsista puede desnudar sin los prejuiciosos y demagogia partidista de regimenes que adulan y envilecen descaradamente a sus siervos retraídos.

Autor: Daniel Rojas P.

Para muestra un botón


Charles Bukowski

Como ser un gran escritor

************************

tenés que cojerte a muchas mujeres
bellas mujeres
y escribir unos pocos poemas de amor decentes

y no te preocupes por la edad
y/o los nuevos talentos.

sólo tomá más cerveza más
y más cerveza.

Andá al hipódromo por lo menos una vez
a la semana

y ganá
si es posible.

aprender a ganar es difícil,
cualquier boludo puede ser un buen perdedor.

y no olvides tu Brahms,
tu Bach y tu
cerveza.

no te exijas.
dormí hasta el mediodía.

evitá las tarjetas de crédito
o pagar cualquier cosa en término.

acordáte de que no hay un pedazo de culo
en este mundo que valga más de 50 dólares
(en 1977)

y si tenés capacidad de amar
amáte a vos mismo primero
pero siempre sé consciente de la posibilidad de
la total derrota
ya sea por buenas o malas razones.

un sabor temprano de la muerte no es necesariamente
una mala cosa.

quedáte afuera de las iglesias y los bares y los
museos
y como las araña sé
paciente,
el tiempo es la cruz de todos.
más
el exilio
la derrota
la traición

toda esa basura.

quedáte con la cerveza

la cerveza es continua sangre.

una amante continua.
agarrá una buena máquina de escribir
y mientras los pasos van y vienen
más allá de tu ventana

dale duro a esa cosa
dale duro.

hacé de eso una pelea de peso pesado.

hacé como el toro en la primer embestida.

y recordá a los perros viejos,
que pelearon tan bien:
Hemingway, Celine, Dostoievsky, Hamsun.

si crees que no se volvieron locos en habitaciones minúsculas
como te está pasando a vos ahora,
sin mujeres
sin comida
sin esperanza…

entonces no estás listo

tomá más cerveza.
hay tiempo.
y si no hay
está bien
igual

Estrellas y pendejos
Pedro Juan Gutiérrez

Me gusta masturbarme oliéndome las axilas. El olor a sudor me excita. Sexo seguro y oloroso. Sobre todo cuando estoy caliente por las noches y Luisa anda por ahí buscando los pesos. Aunque ya no es igual. Con cuarenta y cinco años se me reduce la libido. Tengo menos semen. Apenas un chorrito una vez al día. Comienzo el climaterio: menos deseo, menos semen, glándulas más lentas. De todos modos, las mujeres siguen revoloteando a mi alrededor. Ahora creo que tengo más espíritu. Jajá, yo con más espíritu. No voy a decir que estoy más cerca de Dios. Ésa es una hermosa frase, bien pedante: «Oh, estoy más cerca de Dios.» No. Para nada. Dios me da señales a veces. Y yo sigo intentando. Eso es todo.

Bueno, me voy. Masturbarse uno mismo es igual que bailar solo: primero estás alegre y funciona, pero después te das cuenta de que eres un imbécil. ¿Qué hago aquí desnudo frente al espejo pajeándome? Me visto y me voy. Me pongo ropa sucia, sudada. Hoy estoy asqueroso, definitivamente. Bajo las escaleras y me encuentro con los bobos llorando, en el quinto piso. Son jóvenes, pero bobos, mongólicos, o locos, zanacos, no sé, algo así, subnormales, fronterizos. Llevan años juntos. Apestan a suciedad. Se cagan a escondidas en la escalera. Mean en todos los rincones. A veces andan en cueros en la casa y se asoman a la puerta. Escandalizan, se babean. Ahora ella está sentada en un escalón, llorando a grito pelado. Se le va el mundo en las lágrimas y le dice al tipo: «Yo te quiero mucho, pero así no puedo. Yo te quiero mucho, pero así no puedo. Yo te quiero mucho. ¡Ayyy, tito! ¡Ayyy! Yo te quiero mucho, pero así no puedo.» Él encendió un cigarro, se hizo a un lado para dejarme pasar, y le dijo: «Yo sé que tú me quieres, chinita, yo sé que tú me quieres, chinita.» Y el tipo comienza a sollozar también.

Al menos hoy no se han cagado en la escalera. Lo que necesitan es una rasqueta, un jabón y una ducha fría. Salgo a la luz de las cuatro de la tarde y ahí me detengo: ¿qué hago? ¿Voy al gimnasio a boxear un poco, o a Paseo y 23? La última vez gané veinte dólares en la ruleta rusa. Es buena hora. Seguro que hay alguien por allí. Me voy a la ruleta rusa.

Me gusta caminar despacio, pero no puedo. Siempre camino aprisa. Y es absurdo. Si tengo el rumbo perdido, ¿para qué me apuro? Bueno, seguramente por eso mismo: estoy tan aterrado que corro sin cesar. Me da miedo detenerme un instante y descubrir que no sé dónde coño estoy.

Entré por Las Vegas. Es eterno Las Vegas. Siempre va a estar ahí, es el lugar donde ella cantaba boleros, con el piano en la oscuridad y las botellas de ron y el hielo. Todo. Como siempre. Es bueno saber que algunas cosas no cambian. Me soné dos cuerazos de ron. Había mucho silencio y mucho frío y mucha oscuridad. Tanto calor y humedad y tanta luz ahí fuera. Y tanto ruido. Y de pronto todo cambia cuando entras a este cabaret. En realidad es una sepultura con el tiempo detenido para siempre. Me senté un instante y ya el cerebro se dispara a pensar.

Espíritu y materia. Eso es todo. Me tomo un vaso de ron y ya están enfrentados dolorosamente. El espíritu hacia un lado y la materia hacia otro. Y yo en el medio, fragmentado. Cortado en pedazos. Intentaba entender algo. Pero era difícil. Casi imposible entender algo. Y el miedo. Desde niño siempre el miedo. Ahora me imponía vencerlo. Iba a un gimnasio de boxeo, y me endurecía. Boxeaba con cualquiera y siempre temblando por dentro. Intentaba golpear duro. Intentaba ser arrojado, pero no. El miedo estaba ahí, haciendo lo suyo. Y yo me decía: ah, no te preocupes, todos tenemos miedo. El miedo aflora antes que cualquier otra cosa. Sólo tienes que olvidarlo. Olvida el miedo. Haz como si no existiera, y vive.

Me soné otros dos cuerazos de ron. Estaba sabroso. Yo me puse sabroso, quiero decir. El ron no tanto. Sabía a diesel. Y fui para la ruleta rusa. Me quedaban siete dólares y veintidós pesos. No está mal. He estado mucho peor y siempre salgo a flote.

Había gente en Paseo y 23. Y el Fórmula Uno allí, con su bicicleta. Era buena hora. Casi las cinco de la tarde. Hay mucho tráfico en ese cruce. En todas las direcciones. Nos pusimos de acuerdo. Jugué los siete dólares uno a cinco. Si ganaba eran treinta y cinco para mi. Yo siempre apuesto a que el muchacho pasa. Allí va un negro con mucha plata y cadenas de oro hasta en los tobillos. El muy cretino, siempre apuesta a que el tipo no pasa: «Yo le apuesto a la sangre, acere. Siempre a la sangre, no me tienes que preguntar más na.» Cada vez que coincidimos allí me acepta la apuesta uno a cinco. Así y todo nunca he hecho buena plata.

Hace un mes tuve un récord: gané treinta y cinco dólares de un golpe. Tuve suerte. Delfina estaba conmigo. Cobré, le enseñé los dólares y se volvió loca. Le digo Delfi porque tiene el nombre más jodio de La Habana. Nos fuimos para la playa. Alquilamos un cuarto y tuvimos dos días de fiesta, con comida, ron y mariguana. Delfi es una negra hermosa y provocativa, pero parece que ya no sirvo para esas orgías. Delfi sólo quería pinga, ron y mariguana. En ese orden. Pero yo no podía estar jodiendo siempre. Cuando no se me paraba, Delfi, insaciable, intentaba meterme el dedo por el culo para lograr algo más. Yo le daba unos bofetones y le decía: «Sácame el dedo del culo, negra de mierda.» Y de todos modos seguíamos más y más. Por inercia tal vez. Cuando se acabó el ron y la mariguana y los dólares, recuperé mi cerebro. Todo me ardía: la cabeza, el culo, la garganta, la pinga, los bolsillos, el hígado, el estómago. A Delfí no. Ella tiene veintiocho años y es un tronco de negra, musculosa y dura. Estaba lista para seguir dos o tres días más, sin parar. Incansable esa negra. Maravillosa. Es un prodigio de la Naturaleza.

El muchacho que iba a jugar la ruleta rusa cogió su bicicleta. Tenía un pañuelo rojo amarrado en la cabeza. Era un mulatico muy joven, de quince o dieciséis años. Vivía pegado a su bicicleta. No la soltaba ni para cagar. Era una bici pequeña, robusta, de
gomas gruesas, bien niquelada. Vivía de eso. Ganaba veinte dólares limpios cada vez que pasaba. Era bueno. Otras veces hacía acrobacias y también cobraba: ponía diez niños acostados uno junto al otro, en medio de la calle. Se alejaba unos metros, se persignaba, salía disparado y volaba sobre los muchachos. Eso lo hacia en cualquier calle. Donde lo llamaran. La gente apostaba, pero él no. Él cobraba sus veinte dólares y ser perdía. Era vanidoso y le decía a la gente: «Yo soy Fórmula Uno.»

Ahora el Fórmula Uno salió por Paseo, hacia arriba. Hizo unas cabriolas sobre su bicicleta, entre los autos. Daba vueltas, se elevaba en el aire, giraba dos veces y caía en una sola rueda. Era un maestro. La gente lo miraba pero no sabía qué se traía entre manos aquel negrito. Nosotros éramos siete y nos hacíamos los desentendidos en la esquina del convento de monjas, bajo los árboles. No había ni un policía por allí. El Fórmula tenía que esperar la orden de uno de nosotros. En el momento en que pusieron la luz verde para 23, un tipo a mi lado bajó el brazo y el Fórmula se largó como un rayo Paseo abajo. Por 23, hacia La Rampa, había unos treinta autos, muy stressados a esa hora, que se lanzaron a ganar la verde. Y calle arriba, hacia el Almendares, rugiendo y desesperados, otros treinta o cuarenta más. Sumando: el Fórmula tenía setenta papeletas para morir-se aplastado. Y una sola para vivir. Ahí estaban flotando mis siete dólares. Si mataban al tipo, me quedaba en cero. Yo necesitaba que el Fórmula cruzara y ganara sus veinte dólares. ¡Y lo logró! El tipo era una centella. No sé cómo cojones lo hizo. Igual que una mosca. De pronto ya brillaba haciendo acrobacias y riéndose, al otro lado de Paseo.

Vino hasta nosotros riéndose a carcajadas: «¡Yo soy Fórmula Uno!» Cobré mis treinta y cinco dólares. Le di cinco al Fórmula, y lo llamé aparte. Le estreché las manos. Las tenía secas y firmes. Lo miré a los ojos y le pregunté: «¿No te da miedo?» Sacudió los hombros: «Ah, blanquito, no jodas. ¡Yo soy Fórmula Uno, acere! ¡Fórmula Uno!»

Antes de él, allí mismo se mataron cuatro muchachos. No quiero acordarme. Otros dos no tuvieron cojones para lanzarse. Así es. Sólo unos pocos sobreviven: los muy estrellas y los muy pendejos.

 



Michael
Houellebecq
Ampliación del campo de batalla (fragmento)

Desde el punto de vista amoroso Veronique pertenecía, como
todos nosotros,
a una generación sacrificada. Había sido, desde luego,
capaz
de amar; le habría gustado seguir siéndolo, se lo concedo;
pero ya no era posible. Fenómeno raro, artificial y tardío, el
amor solo puede nacer en condiciones mentales especiales,
que pocas veces se reúnen, y que son de todo punto
opuestas a la libertad de costumbres que caracteriza la época
moderna. Veronique había conocido demasiadas discotecas y
demasiados amantes; semejante modo de vida empobrece al
ser humano, infligiéndole daños a veces graves y siempre
irreversibles. El amor como inocencia y capacidad de ilusión,
como aptitud para resumir el conjunto del otro sexo en un solo
ser amado, rara vez resiste un año de vagabundeo sexual, y
nunca dos. En realidad, las sucesivas experiencias sexuales
acumuladas en el curso de la adolescencia minan y destruyen
con toda rapidez cualquier posibilidad de proyección de orden
sentimental y novelesca; poco a poco, y de hecho bastante
deprisa, se vuelve uno tan capaz de amar como una fregona
vieja. Y desde ese momento uno lleva, claro, una vida de
fregona; al envejecer se vuelve menos seductor, y por lo tanto
amargado. Uno envidia a los jóvenes, y por lo tanto los odia.
Este odio, condenado a ser inconfesable, se envenena y se
vuelve cada vez mas ardiente; luego se mitiga y se extingue,
como se extingue todo. Y solo quedan la amargura y el asco,
la enfermedad y esperar la muerte.

Grandes Autores Continentales: Juan Carlos Onetti

Publicado en Intro-Versión por Daniel Francisco Rojas Pachas en Noviembre 17, 2007

Me hubiera gustado clavar la noche en el papel como a una gran mariposa nocturna. Pero, en cambio, fue ella la que me alzó entre sus aguas como el cuerpo lívido de un muerto y me arrastra, inexorable, entre fríos y vagas espumas, noche abajo.

Si a estas alturas podemos decir que Carpentier, Borges y Asturias entre otros, son los abuelos de la literatura latinoamericana del siglo XX, debemos señalar sin afán de burla que Juan Carlos Onetti (uruguayo 1909-1994) seria algo así como el tío abuelo extravagante y un poco misántropo, nervioso, medio maniático pero que todos amamos por sus historias o como él prefería llamarlas, mentiras de alto calibre.

Su personalidad alternativa y su discurso de Lado B, ilumina retorcidas y enmarañadas dimensiones de la mente humana. Le admiramos aunque a la vez tememos su hermetismo, su visión sórdida propia de novela negra, de tragedia Bíblica con aroma a buhardilla y cuchitril de mala muerte. El pesimismo noventa y ochista de Baroja bulle en las páginas de su obra, fermentando esa palúdica atmósfera de almas desesperadas, aglutinándose en espacios de deshumanización, algo digno del sur Faulkneriano.

No en vano, muchas veces se le comparó con este maestro de las letras inglesas, sobre todo, por su fecunda imaginación. William Faulkner, escritor de “Santuario” y “El sonido y la furia”, encabezo con Hemingway, el revival de la literatura de los Estados unidos (la generación perdida.) En su quehacer literario, Faulkner, quien también fuese referente de Llosa, creo Yoknapatawpha, una ciudad típica del sur de Norteamérica, intolerante y obtusa, bella pero violenta, conservadora y hedonista, en ese paraje situó muchas de sus novelas. El Uruguayo que nos ocupa, por su parte, edificó Santa María, una ciudad que viene a ser algo así como una cruza bastarda entre Buenos aires y Montevideo, lo cual prueba que antes de Macondo, ya habían regiones fantasmales pobladas de seres ficticios que rayan en lo verosímil, alimentando nuestra muchas veces, no menos ficcional realidad.

Presente en múltiples obras del autor, desde su gestación en La vida breve, una de sus novelas más reconocidas; Santa María se configuró como un hito de la literatura latinoamericana. Y es importante dentro de nuestra tradición continental, pues en ese telón agridulce se desarrollan las profusas y alambricadas historias de seres introspectivos, verdaderas existencias con una madurez y profundidad vital increíble.

En su primera novela, El pozo, la que escribió a los treinta años, podemos vislumbrar la carga de la racionalidad, lo difícil que es para un hombre lidiar con su soledad, con la tarea de respirar y sentir. Sufrir el poder de la culpa y el tiempo inclemente que arrastra todo a su paso. El miedo a la alteridad, a la mirada que juzga y define, que limita y talla nuestro contorno como personas, como roles inmersos en la comunidad…

No hay empatía en los personajes de Onetti, empero si, mucho de desconexión con la fibra que palpita por el otro, traición y desasosiego, desamparo y roces con la locura.

Sinceramente como lector y escritor, considero que es necesario que esas historias se cuenten, este uruguayo amante de la buena literatura y el tango,
asumió esa difícil tarea, ocuparse del underdog, de aquel que dice: Paren el mundo me bajo en la esquina…
Fue en tal medida, un bardo para todos los que por voluntad prefieren callar y disociarse…

Recibió por lo que escuchamos decir a sus personajes y a él mismo, la saeta de los que ven en esta actitud de alienación, el germen burgués… allí más bien fluye la esperanza muerta y fracasada de los anarquistas del alma, hijos del silencio que nacen para morir, recorriendo noches cerradas de clima ruin y tras las puertas de esos edificios anónimos de grandes y grises urbes, en que todos avanzamos impávidos, él nos fuerza a preguntarnos ¿Qué sabemos verdaderamente, los que nos decimos ciudadanos de tomo y lomo, de los que están al otro lado de la puerta, el vecino, ese extraño que nos limitamos a categorizar como inadecuado y más definitorio aún, qué hay del que tenemos encerrado en el cuartucho de nuestro subconsciente.

Hay sin duda mucho de autobiográfico, Onetti es en definitiva algo así como nuestro Henry Miller o al revés, Henry Miller es algo así como el Onetti de los norteamericanos.

La imagen mitificada y enrarecida del originario de Montevideo, culmina para sus lectores con su exilio en España y las imágenes que nos llegan de su persona en un cortometraje-entrevista llamado El Dirigible. Recluido por voluntad propia, paso diecinueve años sin salir de su departamento, pero jamás perdió el filo que tuvo para desnudar los parajes más ocultos del hombre moderno.
Desaliñado aunque siempre lúcido y mordaz, Onetti en su cama, sin afeitar y en pijama podríamos decir, discursea de la vida, de la crisis metafísica de su tierra y del hombre americano.

Él mismo se definía como un defensor del intimismo, un escritor que no se granjeaba en tertulias y que pasaba malas noches pensando que al día siguiente tenia que toparse con ese eterno otro que posee miles de rostros y lamentablemente, la mayoría de veces, más que caras alegres y sinceras, máscaras ocultan la horripilante verdad de la desilusión…

Era sin duda Onetti una sensibilidad especial, pero tras esa personalidad de oscuridades infranqueables, brilló una de las más fecundas voces del siglo recién pasado, los del boom lo reconocen como padrino, como amigo, como maestro.

Un autor para rescatar, releer y altamente recomendado para conocer por primera vez y empezar a familiarizarnos con la novelística y relato corto, gestado al interior de nuestro continente.

Autor: Daniel Rojas P.

Próxima entrega: Julio Ramón Ribeyro. (Peruano 1929 – 1994)

Grandes Autores Continentales: José Donoso

Publicado en Intro-Versión por Daniel Francisco Rojas Pachas en Noviembre 16, 2007

 

 

 

Se suele decir que Chile es tierra de poetas, no podemos negar la fecundidad de la lírica en nuestras fronteras, sin embargo nombres como Manuel Rojas y Juan Emar durante la vanguardia; José Donoso como representante y biógrafo del boom y actualmente Diamela Eltit como una de las propuestas más interesantes y postmodernas de la nueva narrativa latinoamericana, permiten afirmar que en la prosa despuntamos y por tanto, es justo hacer mención a tales figuras y no reducir las perspectivas de nuestras letras a un mero género.

En esta ocasión, quiero dedicarme a José Donoso (Chileno 1924-1996), quien fue y pese a que ya no nos acompaña materialmente, seguirá siendo uno de los más interesantes e influyentes nombres de la novela en Chile y porque no decirlo en Latinoamérica.

Solemos enmarcar al boom en límites seguros: La Casa Verde, Cien Años de Soledad y Rayuela, pero qué hay del cubano Cabrera Infante, el mexicano Carlos Fuentes y desde luego nuestro compatriota, El escribidor intruso. Su opera magna, El Obsceno Pajaro de la noche, es una novela monumental, laberíntica y coral como el mismo la definió. Con ella nos invita a destrozar esos marcos determinantes y preconcebidos. Nos dispone con majestuosidad, ante un retrato cruel y a la vez sublime de nuestra identidad social y humana.

Existencias fragmentadas, miradas vigilantes que quiebran la individualidad que lucha por encontrarse y que muta en cada atmósfera plagada por la alteridad. El poder, las obsesiones, los miedos, la frustración. Es una novela mundo como Balzac proponía pero en términos más exóticos que los del francés. Donoso aquí no presenta estereotipos o figuras humanas definidas por sus labores o mera posición social, sino psicologías; patologías que revelan mucho del chileno, del patrón de fundo o el pretencioso que se jacta de su apellido o se oculta tras las apariencias. Conocemos al huérfano, al periférico, el fiel empleado y los linajes bastardos que se escamotean.

Es muy fácil perderse y encontrarse en las páginas de esta obra, sus quinientas hojas son tan barrocas y manieristas como la mente de su autor y los pasadizos de La Casa de la Encarnación de la Chimba, escenario en el cual transcurre mayoritariamente esta pieza. En ella confluye la experiencia vital del autor, el camino que previamente trazo con El lugar sin límites, Coronación y Este Domingo. Sus fantasmas, los vasos que comunican al lumpen con la burguesía a través de los sirvientes pero ricamente matizado con elementos de la mitología y génesis. En tal medida, cómo olvidar la rinconada y su población de gigantes hidrocefálicos, mujeres obesas y enanas empratrices. Donoso desafía los cánones, el intelecto y esquema estético del lector.

En sus manos, las alegorías de la verticalidad tiránica bullen y la sexualidad y su variantes, nos permiten cuestionar el problema de los roles, ¿Qué es femenino y masculino? Cómo se producen las desviaciones y la violenta misoginia, el homoerotismo, la ambigüedad y anulación del cuerpo. Las imágenes en definitiva se tornan en pesadillas bellas y sueños desastrosos o de mala muerte como el prefería llamarlos. Esa suma hace germinar una cosmogonía de criaturas aberrantes y nuevos mitos que replantean el ideario inconsciente y los símbolos de nuestro pasado que definirán las sendas del futuro.

Y como hombre, qué podemos decir. Donoso no negó jamás su condición de burgués. Muchos lo criticaran por eso, hiriéndolo desde el partidismo o la voz comprometida. Similares críticas recibieron Unamuno y los noventa y ochistas. Como en el caso de los españoles, su compromiso fue siempre con la literatura, su arma y portento. Y en lo relativo a su posición privilegiada, creo que hay que indagar mejor en su biografía y ver como trazó su camino de forma personal y consciente, basado en su trabajo y no en el apellido y tradición. El cual aprovecho, pero en un sentido opuesto. Él fue el primero en hurgar los trapos sucios y mitos en torno a su casta. En Coronación, Casa de Campo y Este Domingo, abiertamente desnuda a su propia estirpe y desde ese punto, el creador no vacila en extender la tarea hacia todos a su alrededor, incluido él mismo y desde luego Chile, el continente y me atrevería a decir incluso, el mundo.

Para él, estamos en una olla bastarda en que todos nos retroalimentamos de forma mixta, dañina, bien intencionada y porque no, trágica, dando origen a inconexos discursos, identidades mutiladas, rompecabezas humanos que nos esforzamos en escindir, en categorizar y enmarcar por miedo a la vergüenza, a la mirada, al juicio y oprobio. Pero cómo alcanzar una verdad y no sufrir los reproches de nuestra consciencia, si la verdad no es esa castidad y blancura auto-impuesta, sino un caos y millones de yo contrapuestos.

Su principal viaje es entonces hacia la desnudez, el término de la represión y desambiguación en cada ámbito del cuerpo y la mente. En el intertanto seremos sólo estampillas y frustrados proyectos. (La carga existencial que representa escribir para Donoso es igualable a la de ser – remítanse a la anécdota que testimonia el video adjunto.)

Creo que en esa medida Donoso, como sus amigos del boom lo definieron, el más literario de los literatos fue además el más comprometido, quizá no políticamente pero si social y psicológicamente con el hombre. Desde su actividad, que realizó hasta el último de sus días, jactándose de vivir en cada una de sus creaciones una aventura a ciegas de auto-descubrimiento y perdida; él paleo cualquier prejuicio e imagen y demostró ser un proyecto más de sus ficciones que nos replanteaban lo precario de la realidad.

Autor: Daniel Rojas P.

Próxima Entrega: Juan Carlos Onetti Uruguayo (1909-1994)

Grandes Autores Continentales: Alejo Carpentier.

Publicado en Intro-Versión por Daniel Francisco Rojas Pachas en Noviembre 15, 2007

 

Considerando lo importante que es para el hombre desarrollar un identidad libre y mediante eso proyectarse de forma creativa e intelectual y hoy más que nunca debido a la avalancha de información basura que nos anega. He querido dar inicio en este espacio, a una serie de pequeñas semblanzas de autores Latinoamericanos que han aportado con su genio y visión a la edificación de una identidad continental rica estéticamente, responsable en su medula y comprometida en el acto, la prolijidad de estos maestros no deja de sorprendernos al desnudar la magia y fertilidad de nuestra región, el mestizaje, la cultura y en definitiva las potencialidades de nuestra portentosa lengua.

Alejo Carpentier (cubano 1904-1980) será el primero de la inmensa lista. Para aquellos que no lo conozcan, Este escritor, político y musicólogo por cuyas venas corría sangre francesa y cubana, artísticamente formo junto Uslar Pietri, Miguel Ángel Asturias y Jorge Luís Borges parte del circulo vanguardista de nuestra literatura (generación de 1927)

Influido por el surrealismo de la primera mitad del siglo recién pasado, Carpentier cultivo las potencialidades del inconsciente, el ideario onírico y lo rupturista que la pintura de Dalí, Los manifiestos de Breton y la locura de Tzara (dadaísta) habían iniciado en Europa. Claro que sin renunciar a sus raíces y palpitaciones, las que estaban íntimamente enlazadas al nuevo mundo. Por ello, sin caer en los recursivo y artificial del movimiento que nació al alero de los descubrimientos de Freud, tomo de este lo mejor, en cuanto a posibilidades de experimentación con las imágenes y metonimia y traslado dicho saber a nuestra realidad.

Para Carpentier, la cuestión seria el tema del afro-americano, las revoluciones libertarias del Caribe, la interioridad del hombre sometido a la opresión del medio y desde luego la magia del mestizaje: El indio o negro que entre la platería y telares finos del viejo continente descubre en suelo tropical, el voodo y las ideas románticas de Rosseau, recién importadas.

En esa colisión de universos dispares la riqueza del arte nativo y tribal puede superar a las formas cultas o elitescas. La atmósfera se torna barroca y permite al autor jugar con las líneas temporales, sociales y ante todo ínter-textuales en que los tambores bajo el humo de un ritual terminan por convertirse en compases de una pieza de Vivaldi para culminar en un salón de Jazz iluminado por la pericia de Louis Armstrong.

Todo esto lo podemos reafirmar con una sencilla frase acuñada por el autor en su celebre prologo a su obra el reino de este mundo, lo real maravilloso, dicha conceptualización que posteriormente fuese confundida o anexada por algunos al realismo mágico, el cual sabemos cuan explotado y prostituido esta por estos días además de erróneamente otorgado a Márquez,cuando de sobra Pietri y Asturias, previo a las guerras mundiales y lógicamente al boom, ya habían elevado a cimas olímpicas, el dichoso tópico. Pero en fin, en ese discurso nos queda claro que con lo real maravilloso que el define como patrimonio de América, nace una nueva forma de revalorarnos, opuesta al clasicismo reduccionista y ante todo, antagónica del maravilloso surrealista, mera explotación de lo escandaloso, escatológico al punto de ser vulgar y gratuito.

También podemos otorgar a Carpentier, los lineamientos de la nueva novela histórica y el género de dictador, al menos treinta años antes del Otoño del Patriarca y la Fiesta del Chivo…

En ellos se recogen los elementos que a posterior caracterizarían las potencialidades narrativas de la desviación del discurso oficial histórico, ante la aplicación de recursos como la deformación, el perspectivismo y alejamiento de la atención de los focos centrales, héroes en base a los cuales se cementa nuestra realidad y como ignorar el carnavalesco heredado de Rabelais y por supuesto la circularidad del tiempo y lo inesperado e ilógico, todos elementos que Carpentier domino e implanto con maestría.

Por tanto, para los amantes de la literatura esta de más seguir dando datos sobre la trayectoria de este orfebre lírico y épico que tanto nos lego, más importante resulta que aquellos que recién se están aproximando o reencontrando con las letras ubiquen en el rompecabezas clave de nuestra cultura y mundo artístico continental, la figura epónima de este profundo investigador, viajero erudito, lucido activista y ante todo sensible hombre que amo a América y a sus habitantes sin prejuicios.

Una imagen valiosa para la memoria es la que nos deja una entrevista en el programa español “A Fondo” en que le preguntaron a Don Alejo que pensaba de la cultura norteamericana, el con su particular acento dijo textualmente: primero, de que estamos hablando, de la cultura norteamericana colonizadora, de invasión e imperialista que quiere imponerse y borrarnos, eso no es cultura es consumo y publicidad, en cambio si hablamos de Whitman, Thoreau, Emerson, Melville y más recientemente, Faulkner pues bienvenida sea esa cultura…

Uno se pregunta entonces, cuánto saben hoy los Norteamericanos de esos padres de su literatura y poesía, Cuánto conocen de los inicios y forja de su identidad, que nos habla de los derechos civiles, la objeción de conciencia, la tolerancia y libertad de creencia, la ecología y el amor a la tierra, contrastemos esas voces del pasado con las explosiones y amenazas de su gobierno hoy y en la misma medida preguntémonos autocríticos, cuánto sabemos nosotros de nuestros poetas, músicos y pintores, si tanto denostamos la forma de vida y política norteamericana a la par que olvidamos quienes somos y adoptamos y copiamos sus logos, modismos y estándares de éxito…

Autor: Daniel Rojas P.

En una proxima entrega: José Donoso, Chileno (1924-1996)