Dostoyevski y la conciencia amoral de una ficción.

Considero que el mayor logro y elogio que puede recibir una obra literaria ” es el trascender más allá de su medio” pero por tal no me refiero al tipo de trascendencia que se refleja en un exceso de inútil merchandising y la correspondiente adaptación cinematográfica y no es que tenga algo en contra del séptimo arte y la constante retroalimentación que sostiene con el mundo de las letras, sin embargo, ese no es el punto aquí. Mi premisa atiende mas que a los best sellers a una interdimensionalidad que se refleja en la vida misma, tenemos claro que las obras, entendamos por esto novelas, dramas e incluso poesía, no son solo productos de la mente o retorcida biografía del autor; es claro que el primer medio (el privado si queremos llamarlo de alguna forma) y también el medio publico, social o general que sirvió de telón de fondo, son determinantes pero hay algo más, una realidad propia, una dimensión que responde a patrones de tiempo y espacio que son inmanentes a la creación; cuando ese fenómeno se da, cuando esa dimensión propia es tan poderosa que entra a determinar al mundo real y las vidas de sus habitantes, estamos ante un clásico…
Entonces e ahí la pregunta del millón ¿cuando podemos a ciencia cierta saber que esa obra, cualquier obra, fue capaz de trascender ambos medios, el privado y ese dizque público o general?
Yo creo que no hay una formula, y que mucho menos, en caso de que exista un rasgo común, este no es determinado por la popularidad y las ventas, juzgo que ocurre eso cuando la historia y sus personajes se vuelven jueces críticos e inteligentes observadores y ya no solo un mecanismo para expresar la voz del autor. O sea, cuando estos pasan a tener conciencia y voz propia, abandonando el carácter de disfraz abstracto e inmaterial que sirve de vehículo para los pensamientos y emociones de un ser real; el autor empírico.
El ser ficticio en esa medida deja de ser metáfora y se convierte en un habitante de la humanidad y nos traspasa su carga, tal es la situación del amigo Rodion Romanovich Raskolnikov y Dostoievski. A través de este, personaje y autor respectivamente, ambos rusos, ambos nihilistas puedo ejemplificar, ellos nos hablaron, nos hablan hoy y así seguirán haciéndolo con las futuras generaciones, ambos coinciden en algo mas que la nacionalidad, claro esta. Ambos escaparon del medio y periodo que los vio nacer y no quiero resultar majadero en esto pero es así, ya que el personaje o los personajes de aquel drama “Crimen y Castigo” (Dunia, Razumijin, Svidriegalov y demases) junto a todas sus problemáticas, desnudan a la humanidad, revelan en su conciencia lo mezquino y mísero así como también lo sublime y esplendoroso…
Y no es sencillo, ya que para conseguir ello, Dostoievski debió sobrepasar muchas etapas y su obra como universo pensante también debió salir de lo meramente panfletario y gratuito, de lo recursivo y autoreferente y por tanto evidenciar la magia individual, corresponder a esa ética del autodescubrimiento en soledad y a la vez, lograr la amalgama colectiva, penetrando a la universalidad libre de cualquier atadura: La del genio creador, el peso de su vida, la critica del momento, la dirección que tiene el periodo con sus necesidades, inquietudes y preferencias y ya superada toda la urdimbre contextual, aun pervivir a la erosión del tiempo y la exigencia que demanda Cronos a sus hijos.
Ah, pero alto escépticos, por ahí los veo venir, escucho sus pasos, dirán que toda obra consigue eso con mayor o menor fortuna, pero no es así… me atengo a las palabras de Raskolnikov como fundamento de su perennidad y la de su creador, uno que junto a Kafka y todo el resto de perros viejos y duros han llevado a la literatura a su punto mas alto… (Nombremos algunos, Hemingway, D.H Lawrence, ambos Miller, Tolstoi, Celine, Joyce; Beckett)
Con una clara supremacía de la voluntad del poder, el hombre siempre buscará más, la voluntad de destacarse de imponerse ante los otros, esos seres materiales y comunes que sólo sirven para mantener rodando este mundo y preservando el sistema para que luego aparezcan estos tipos especiales de ideas originales destinados por su propia mano a llevar ese mismo sistema y movimiento horizontal, aburrido y monocorde a un nuevo estadio, el ascenso vertical y luego otro descanso para caer en la rutina hasta que se haga insoportable y que por su propio peso aparezca otro Napoleón de la pluma otro heredero del genio Shakesperiano y nos legue un nuevo Raskolnikov, ese tipo extraño y pálido que se pregunta amoralmente, si el es uno de esos malditos tipos llamados a cambiar todo. En la obra quizá no lo hace, no en principio pues llega a creer que su obstáculo es la anciana a la que mutila con una enorme hacha y no su orgullo limitante y castrador, pero fuera de la obra, otro gallo canta al ex estudiante Petesburgues, Raskolnikov es un superhombre mas allá del bien y el mal; destructor del espacio y el tiempo, verdugo de la moral y la civilización, de los códigos y la culpa…
¿Pero es esa ficción de Dostoievski realmente tan poderosa?, Bueno lo es lo suficiente como para hacernos cuestionar el estado de derecho, los axiomas morales de Kant y de cualquier neoclásico recalcitrante y de trasero apretado, además tiene de sobra, (pese a su inexistencia) poder de convencimiento como para ser un Nietzsche demente y febril, pero genio y demoledor de un occidente erigido bajo cánones débiles, esclavizantes y utópicos.
E ahí la grandeza de este personaje capaz de revelar y hacernos cuestionar la mediocridad y en esa medida, anticipar la caída de un occidente excesivamente moral e hipócrita marinado con un relativismo libertino y superficial…
En la boca de estos dos rusos, en sus letras se libra una pugna tan antigua como el tiempo mismo, una masacre entre Apolo y Dionisio que no se entienden en lo absoluto pero que deben compartir desfasados un mismo espacio.
Autor: Daniel Rojas Pachas.
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Electroshock

Fotogramas interdictos,
sonoras teclas de una máquina,
eléctrica galería.
Grama de tubos grises,
encierro y verdades a medias…
Con shocks sobre el cuerpo
y la radio encendida,
al ritmo del tiempo
al compás de los dedos
y las teclas,
proscritas señales, desde la oculta frecuencia.
Esta es-fera
inter-fiera, nimia,
con sonido de hombres
con sonante de eriales y hembras escorpiones
El acordeón solar;
Sigue rugiendo.
Autor: Daniel Rojas
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